Aunque es una joya del Renacimiento español, probablemente el edificio más hermoso de este estilo fuera de Italia, este palacio suele quedar relegado a un segundo plano debido a la belleza y exotismo de los Palacios Nazaríes. Historia del Palacio de Carlos V
En 1.526, Carlos V se traslada a Granada para pasar el verano. Nace entonces
en el emperador el deseo de fijar en Granada uno de sus puntos de residencia, por
lo que proyecta construir un nuevo palacio, más acorde con su forma de vida,
En 1.526 se encarga el proyecto al arquitecto y pintor toledado Pedro Machuca, que
había estudiado en Italia con Miguel Angel, y a su muerte, en 1.550 continúa
su hijo Luis; pero la rebelión de los moriscos, de cuyos tributos se obtenía
principalmente la financiación de la obra, impide terminar el edificio, quedando
sin cubierta y sin terminar las habitaciones. En los años siguientes se
retoman en varias ocasiones las obras, pero se abandonan por falta de fondos,
hasta que en 1.923 el arquitecto Leopoldo
Torres Balbás inicia su restauración, todavía no terminada.
El Palacio
En primer lugar, lo más destacable e innovador del palacio es la originalidad
de su planta: siendo cuadrado su exterior, dentro de él queda inscrito su
patio circular, lo que lo convierte en un edificio sin precedentes dentro del
Renacimiento.
El edificio consta de dos cuerpos, siendo el inferior de obra almohadillada o
rústica, con pilastras y espacios intermedios, en los que se abren las
ventanas, rectangulares y circulares. El segundo cuerpo tiene idéntica
distribución, aunque está mucho más ornamentado.
Debido a su unión con los Palacios Nazaríes, las fachadas principales
están orientadas a occidente (Fachada del Emperador) y al sur
(Fachada de la Emperatriz). La primera es de orden dórico y
decorada con relieves
de victorias militares. La segunda es de orden jónico y sus relieves describen
escenas mitológicas.
Actualmente el Palacio de Carlos V es la sede del Museo de la Alhambra y del Museo
de Bellas Artes.
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